13 marzo 2015

MIEDO AL PARTO

El miedo al parto

o El miedo al dolor de cara al parto

Muchas mujeres nos enfrentamos al parto con miedo. Lo más habitual es el miedo al dolor y al sufrimiento. Un miedo provocado en ocasiones por las historias de terror que nos cuentan nuestras propias madres acerca de nuestro nacimiento o el de nuestros hermanos, o por lo que nos cuentan madres más recientes, familiares y amigas que han vivido partos duros y traumáticos. Gran parte de estos miedos son fruto, pues, de la  horrible imagen que nos muestran la mayoría de las mujeres de nuestros círculos. Sin embargo estas desagradables experiencias no se deben a que el parto sea intrínsecamente algo muy difícil y peligroso, si no que en gran medida son el resultado de una mala praxis, es decir una atención inadecuada por parte de los profesionales.
En nuestra sociedad se piensa que es normal que el parto sea algo horrible, y que las mujeres debemos saber y asumir esto como algo irremediable. El sentirse indefensa, que nada podemos hacer para evitar este sufrimiento incrementa el miedo que sentimos hacia el parto. De esta manera, la mujer, aparte de aterrada, se presenta en el hospital con una actitud sumisa. Dado que piensa que tanto ella como su bebé están en peligro, acatará las decisiones de su médico, que es “el que sabe” y quién va a salvarles la vida. Así las mujeres delegamos en el médico todo el poder y la responsabilidad, y vivimos atemorizadas uno de los momentos más mágicos de nuestra vida, desconectadas del proceso y deseando que todo termine lo antes posible.
Parte de la labor de nuestra asociación es precisamente intentar cambiar estas experiencias y con ello la imagen social que se tiene del parto. Parir puede ser una experiencia bonita y placentera siempre y cuando las condiciones sean las adecuadas y saber esto ayudará a que podamos parir sin miedo.
¿Qué es el miedo?
Según el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) el miedo es la <<perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario>>. El vocablo procede del latín metus, que tiene significado análogo.
El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente o futuro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.
Desde el punto de vista psicológico, social y cultural, el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.
El mecanismo que desata el miedo se encuentra, tanto en personas como en animales, en el cerebro, concretamente en el sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general de todas las funciones de conservación del individuo y de la especie. Este sistema revisa de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que se recibe a través de los sentidos, y lo hace mediante la estructura llamada amígdala, que controla las emociones básicas, como el miedo o el afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro. Cuando la amígdala se activa se desencadena la sensación de miedo y ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea o la rendición. Es interesante señalar que el miedo al daño físico provoca la misma reacción que el temor a un dolor psíquico.
La extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero tal cosa no sucede en humanos (que a lo sumo, cambian su personalidad y se hacen más calmados), en los que el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.
El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la producción de adrenalina, la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. El sistema inmunológico se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente.
¿Por qué tenemos miedo al parto?
Uno de los mayores temores es no saber a qué nos enfrentamos, el desconocimiento de una experiencia que nunca hemos vivido. Por eso, los partos posteriores suelen enfrentarse con menos temor, salvo que la primera experiencia haya sido traumática.
Por otra parte, hay miedos ancestrales que llevamos dentro de nuestro ser. El miedo a la muerte, el miedo al dolor, el miedo a perder el control de las situaciones, el miedo a lo desconocido...
El miedo al parto y al dolor del parto lo llevamos inculcado desde dentro en nuestra cultura. Ese ancestral mandato bíblico de <<parirás con dolor>>, puede clavarse en la mujer como una sentencia fatal y generar un auténtico terror a lo que se pueda sufrir en el momento del parto. Es importante conocer todos estos miedos y trabajarlos antes del parto para poder controlarlos. El diálogo con otras mujeres, una doula, la propia matrona que nos atenderá en nuestro parto e incluso la pareja, puede ayudarnos a ahuyentar estos miedos El miedo es en cierto modo algo aprendido, que por tanto, se puede <<des-aprender>>: La información es una de las mejores armas contra el miedo.
¿Cómo afecta el miedo al parto?
Para tener una conciencia de lo que realmente afecta a la mujer en el parto, el miedo y el estrés derivado de éste, solo hay que constatar los resultados de diversos estudios:
El miedo al parto puede provocar problemas significativos durante el parto y el postparto. El miedo durante el parto está asociado con un mayor dolor durante el proceso, una prolongación del primer y segundo período del parto y un mayor sentimiento de insatisfacción. Además, el miedo tiene una relación más fuerte que el estrés con el dolor y la duración del parto. La anestesia epidural disminuye inicialmente el dolor, pero las mujeres que la usan tienen más miedo.
 El miedo en el parto se ha demostrado que está también implicado en el 7-22% de las cesáreas electivas por parte de la madre, sin justificación médica, lo que aumenta la tasa de cesáreas . El grupo de Ryding y colaboradores encontró a su vez que el miedo severo puede causar que el parto desemboque en una cesárea de emergencia.
Numerosos estudios de diferentes países documentan los miedos que experimentan las mujeres durante el parto. Tres estudios suecos, todos cualitativos y con grupos de estudio de entre 23 y 53 mujeres exploraron sus miedos durante pequeñas entrevistas semi-estructuradas. Determinaron que sus miedos se focalizaban sobre todo en el dolor del parto y el miedo a padecer secuelas físicas de algún tipo o incluso la muerte, tanto en ellas como en los bebés. La experiencia del miedo en el parto entre las mujeres finlandesas ha sido estudiada por las matronas finlandesas Melender y Lauri quienes llevaron a cabo dos estudios cualitativos mediante entrevistas para explorar el miedo relacionado con el parto en un grupo de 20 mujeres que habían dado a luz recientemente, así como por el grupo de Saisto y colaboradores , quienes encontraron resultados semejantes. Las mayores preocupaciones de estas mujeres se relacionaban con el dolor del parto, el riesgo de secuelas para ellas o el recién nacido, la actitud y atención por parte del personal sanitario y el miedo a complicaciones como hemorragias severas. En Alemania, Neuhaus y colaboradores realizaron entrevistas a 122 mujeres que acababan de dar a luz para analizar su experiencia de parto y los miedos padecidos durante el mismo. Los miedos más comúnmente relatados fueron una vez más el miedo al dolor, sobre todo en partos inducidos, secuelas en la madre o el bebé y errores obstétricos.
Los investigadores exploraron además el origen de dichos miedos. Entre las causas están la tendencia a pensamientos negativos, el haber escuchado historias de experiencias negativas de parto en otras mujeres, el diagnóstico prenatal de posibles riesgos, falta de conocimiento e información acerca del proceso de partoo experiencias previas negativas en multíparas.
Un estudio entre la población de Turquía reporta algunas de las frases de las mujeres que dicen tener miedo al parto:
“Tengo miedo al dolor del parto”
“Esto es lo que más miedo me provoca: que haré si no soy capaz de soportar el dolor”
“El dolor del parto... Es la cosa más horrible”
“Tengo miedo de perder el control”
“Tengo miedo de no ser capaz de hacerlo, de no saber dar a luz a mi bebé”
“Tengo miedo de morir”
“Tengo miedo de que surjan problemas, de que algo se rompa...”
“Te tocan en tus partes más íntimas... Eso me da miedo”
“Te cortan, te ponen un montón de aparatos... todo eso me aterra”
“Creo que eso (refiriéndose a la vagina tras una episiotomía) nunca vuelve a ser igual, tengo miedo de que me afecte en mis relaciones”
Wuitchik y colaboradores comentan que el miedo al dolor o a la indefensión y la preocupación antes del parto están fuertemente asociados al sufrimiento y al dolor durante el parto. Lederman y colaboradores recogen que los miedos a la indefensión, al dolor, a la pérdida de control o de autoestima afectan a la evolución del parto.
El excesivo control  prenatal al que se somete en la actualidad a las mujeres embarazadas también juega un importante papel, ya que puede sumir a las mujeres en una continua situación de riesgo que aumenta el miedo al parto. El estudio encuentra que los discursos sobre riesgos prenatales ejercen un control social sobre las mujeres embarazadas, haciéndoles tener miedo, sentirse culpables, juzgadas o incluso castigadas.
No sólo el miedo, sino la ansiedad y el estrés durante el parto aumentan el nivel de adrenalina y disminuyen las contracciones uterinas, además prolonga la duración del parto y empeora el estado fetal. Es más, el simple hecho de entrar en el hospital puede afectar notablemente a las contracciones uterinas, como consecuencia del cambio de escenario.
¿Cómo vencer el miedo al parto?
La primera arma que puede tener una mujer para vencer el miedo es conocer a fondo el proceso de parto en toda su dimensión. No sólo desde el punto de vista fisiológico, sino también desde el punto de vista de “saber” realmente qué es lo que puede sucederle. Conocer físicamente el lugar donde se va a dar a luz, conocer la manera de proceder del personal que nos va a atender, sus protocolos, etc. va a contribuir muy favorablemente a disminuir el miedo al proceso de parto. Asimismo, la redacción de un plan de parto en el cual la mujer sepa de antemano que se van a respetar sus deseos respecto a cómo se quiere que acontezca este suceso, puede ser un elemento crucial para disminuir el umbral del miedo al parto.
Las variables más importantes para conseguir que el parto sea una experiencia positiva son que la mujer sienta que tiene el control y el apoyo de una comadrona. Por este motivo, en Suecia se puso en marcha un equipo de ayuda y apoyo psicológico a mujeres con especial miedo al parto denominado “Aurorateams”. Este equipo, integrado fundamentalmente por matronas, aborda el parto desde un enfoque más natural y cuenta con una serie de sesiones previas al parto que ayudan a la madre a disminuir su ansiedad y a entrar a la fase de parto más tranquila. Además, se redacta un plan de parto junto con la mujer, donde se pone especial énfasis en atender los aspectos que más estrés causan a la mujer. Los resultados de esta iniciativa son sorprendentes ya que suponen una reducción de un 50-62% en el número de cesáreas electivas y partos vaginales más cortos y satisfactorios que entre mujeres no tratadas.

PATERNIDAD ACTIVA

12 febrero 2015

Parir en Libertad (2015)

DEJAR QUE EL BEBÉ DECIDA CUÁNDO NACER

Dejar que el bebé decida cuando nacer

11 de septiembre de 2014 | Lola Rovati    @Lolarovati



El embarazo, leí alguna vez y disculpen la alegoría, es como cocinar un guiso a fuego lento. No se puede apurar el fuego para que esté listo antes, porque no sale bien, el sabor no es el mismo. El guiso está en su punto justo, si tenemos paciencia y lo mantenemos a fuego lento el tiempo que necesite. En condiciones normales, el bebé también debe permanecer en el vientre materno hasta que el parto se desencadene naturalmente, es él quien decide cuando nacer.
Partos... ¿a término?
El parto se desencadena por una conjunción de factores biológicos sincronizados entre la madre y el bebé. Es este último quien envía señales endocrinas a la placenta y a la madre para que su organismo ponga en marcha la segregación de oxitocina, hormona encargada de provocar las contracciones uterinas que dan lugar al nacimiento.
Se considera un parto a término aquel que se produce entre la semana 37 y 42 de embarazo, pero evidentemente nacer en la semana 37 no es lo mismo que nacer en la 42. Hay nada menos que cinco semanas entre una y otra, una diferencia que puede ser abismal cuando hablamos del desarrollo del bebé.
Cada día que pasa dentro del útero es fundamental para su salud. Entre la semana 37 y la 39, órganos principales como los pulmones, el cerebro y el hígado siguen completando su desarrollo.
De hecho, el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología ha decidido introducir algunos matices en las definiciones de lo que es un parto a término aclarando que los partos inducidos y las cesáreas programadas antes de cumplir la semana 39 no son considerados partos a término normales, y por tanto se desaconsejan.La gestación es el proceso humano más complejo que tiene un principio, el momento de la concepción, y un final, el nacimiento del bebé. Durante 38 semanas (40 contando desde la fecha de la última menstruación) el bebé se desarrolla dentro del útero materno hasta que está preparado para salir al mundo.


Márgenes de cálculo

El bebé nace en la semana 40, en teoría, pero esto no siempre sucede así. No hay que desalojarlo al cumplir la semana 40 como si tuviese fecha de vencimiento, si el niño aún no ha nacido es porque todavía no está preparado para hacerlo
Se calcula un parto a término tardío el producido entre las semanas 41 y 42 pues se establece un margen de cálculo, ya que la concepción podría haber sucedido más tarde de lo que se creía, por tanto la fecha de parto se mueve una o dos semanas.
Superadas las 42 semanas existen ciertos riesgos para la salud de la madre y del bebé, como placenta envejecida, reducción de líquido amniótico, macrosomía o aspiración de meconio.
Es poco probable que el bebé no haya decidido nacer antes de la semana 42. Sólo un 10 por ciento nace en esta semana. Si esto sucede, que cumplida la semana 42 el bebé no haya dado señales de salir, es fundamental llevar un control médico exhaustivo para detectar cualquier posible riesgo y en su caso valorar la inducción.

Impaciencia, dudas, temores

A medida que se acerca la fecha de parto la ansiedad por tener al bebé en brazos va en aumento. Pasadas las 37 semanas cualquier pequeña anormalidad puede hacernos plantear la conveniencia de adelantar el parto, pero es importante informarse adecuadamente con el médico sobre el alcance de dicha complicación y valorar qué es lo mejor.
La inducción con oxitocina sintética y la cesárea electiva (sin razón médica de peso) no siempre son la mejor alternativa, pues las complicaciones que traen acarreadas pueden ser mayores.
Dejar que el bebé decida
La gestación es un proceso maravilloso, casi milagroso diría. Parece increíble que esa personita tan perfecta se haya formado dentro nuestro durante nueve meses.
Cuando el bebé está listo para nacer, volviendo a lo anterior, cuando el guiso ha llegado a su punto, se desencadena una respuesta hormonal de la madre que lo prepara para nacer. El bebé se vuelve alerta y receptivo para reconocer a su madre y al entorno, para favorecer lo que se conoce como el momento de impronta, que en el caso de los partos que no se desencadenan de forma natural, esa respuesta se ve alterada.


30 enero 2015

15 enero 2015

LEY LACTANCIA MATERNA


Reglamentan la ley que promueve la lactancia materna.
15/1/2015
Una práctica de nutrición segura para menores de dos años.  Por medio del Decreto 22/2015, el Poder Ejecutivo reglamentó y puso en vigencia la Ley Nacional N° 26.873.
lactancia_1_tmb.jpg


Ciudad de Buenos Aires (Argentina).- Con la publicación ayer en el Boletín Oficial del Decreto 22/2015, reglamentario de la Ley 26.873 de Promoción y Concientización Pública sobre la Lactancia Materna, se completó y puso en vigencia esta norma, orientada a extender y ampliar la promoción y la concientización pública sobre la importancia de la lactancia materna y de las prácticas óptimas de nutrición segura para lactantes y niños de hasta dos años de edad.
Tras la entrada en vigor de esta ley, el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur declaró que"favorecer la lactancia materna es una política de Estado y un tema de salud pública".

"Muchas de las enfermedades más comunes, y a veces, más serias en los niños pequeños resultan menos frecuentes y menos graves en aquellos amamantados por sus madres. Y también, en caso de tener una enfermedad respiratoria o una diarrea, se recuperan más fácilmente y en menos tiempo que los niños alimentados con fórmulas", puntualizó por su parteNicolás Kreplak, subsecretario de Medicina Comunitaria, Maternidad e Infancia de la cartera sanitaria nacional.
En el marco de las políticas públicas sobre lactancia materna ya implementadas por el Ministerio de Salud de la Nación, la norma ordena acciones específicas de promoción de la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y de la lactancia materna continuada de los seis meses a los dos años o más. Junto a esas acciones, recomienda una alimentación complementaria adecuada y oportuna; y la difusión y accesibilidad a la información, en especial de las mujeres embarazadas, a quienes se debe hacer conocer la importancia de su estado nutricional y el de sus hijos.

En efecto, la lactancia materna es el mejor principio para una vida saludable. La leche de madreno sólo contiene todos los nutrientes que el niño necesita, sino que es en sí misma un tejido vivo, incomparable con cualquier fórmula de leche artificial. Además, es la única que contiene anticuerpos que protegen a los niños de muchas enfermedades. No presenta riesgos de contaminación, favorece el vínculo entre la mamá y el bebé, así como la salud de los dos, en el presente y en el futuro.
La ley prevé igualmente la promoción y apoyo a la creación de Centros de Lactancia Materna y Bancos de Leche Materna.

Para lograr estos objetivos, la ley estipula promover la capacitación del personal de salud en todos los temas relacionados con la lactancia y la alimentación del niño pequeño; el relevamiento de indicadores; el desarrollo y divulgación de proyectos de investigación y la adhesión de los distintos efectores a las iniciativas Hospital y Centro de Salud Amigo de la Madre y el Niño.
Una novedosa iniciativa contenida en esta ley, a instancias del Ministerio de Salud de la Nación, se refiere al apoyo a la madre trabajadora en período de lactancia y al establecimiento de "Espacios Amigos de la Lactancia" en los lugares de trabajo, que ha comenzado a divulgarse y extenderse entre empresas y empleadores de distinta envergadura.

- ¿Qué es un Espacio Amigo de la Lactancia?
Un Espacio Amigo de la Lactancia Materna es un local o un área con privacidad dotado de las comodidades necesarias para que las mamás puedan extraerse leche y conservarla a la temperatura adecuada hasta su horario de salida, de forma que la persona que cuida a su bebé pueda administrársela al día siguiente durante su ausencia.

- Los Centros de Lactancia
Un Centro de Lactancia funciona dentro del ámbito de una institución de salud y es un espacio dedicado a la promoción de la lactancia. Su objetivo es facilitar la extracción y la conservación de la leche de las madres en condiciones adecuadas, para que después pueda ser administrada a sus propios hijos, cuando por algún motivo no pueden amamantarlos directamente. También las asiste en sus dudas o problemas referidos a la lactancia y lleva adelante investigaciones, así como actividades de desarrollo tecnológico, información y educación.

- Los Bancos de Leche Materna
Un Banco de Leche Materna es un servicio especializado, responsable por la promoción, protección y apoyo a la lactancia materna. Realiza actividades de recolección del excedente de leche de la madre que amamanta, la procesa, controla su calidad, la clasifica, conserva y distribuye.
La leche materna procesada es empleada para alimentar a bebés que no pueden recibir leche de su propia madre, ya que la administración de leche materna resulta particularmente eficaz para alimentar a los Recién Nacidos de Riesgo, debido a su prematurez extrema o su bajo peso al nacer, entre otras razones. 

05 diciembre 2014

NIÑO DE 1 AÑO

PARTO RESPETADO

LA PLACENTA

La placenta, esa gran desconocida  (parte I)

Esta semana nos gustaría acercaros el tema de la placenta, recopilando textos de nuestra web y nuevos artículos. Bajo el lema "La placenta, esa gran desconocida" os presentamos todo tipo de aspectos que tienen que ver con ese maravilloso órgano humano. Para comenzar un pequeño resumen.

¿Qué ocurre con la placenta?
Una vez que ha salido la placenta es necesario examinarla para comprobar que realmente ha salido entera y que no ha quedado ningún resto dentro que pueda provocar una infección y abundantes hemorragias. En caso de quedar algún resto sería necesario realizar un legrado para eliminarlo.
Cuando el parto tiene lugar en el hospital la placenta es considerada un residuo biológico y el centro hospitalario es el encargado de su gestión. En los partos en casa, es la familia la que decide que hacer con la placenta. La podemos enterrar, bien como fertilizante (si la enterramos demasiado cerca de las raíces, el poder nutritivo de la placenta es tan enorme, que el árbol se quema y muere), o bien como un ritual. Al enterrar la placenta no la "devolvemos a la tierra" verdaderamente, porque nunca estuvo en la tierra, si no que procede del medio acuático que era el líquido amniótico.
Esta es una elección personal, como la de comer un trocito de placenta, o elaborarla para luego emplearla como remedio homeopático o fármaco. Es habitual también su uso para fines cosméticos, no sólo con recetas caseras si no de forma industrial.

Rituales con la placenta
Muchas son las culturas  en las que el tratamiento de la placenta conlleva marcadosrituales, como se explica en este texto extraído del libro: “Maternidad y Parto: nuestras ancestras y nosotras”: “En las sociedad malaya por ejemplo (Valenzuela 2009) se considera que la placenta y el recién nacido son lo mismo, por lo que es tratada con absoluta reverencia. Tras el parto la placenta será enterrada en la parte trasera de la casa, si es hombre para retrasar su abandono del hogar,  o delante si es mujer, para que encuentre pronto marido. Se considera además que si un bebé llora demasiado es porque los malos espíritus molestan a su placenta. Por ello mantienen una hoguera encendida durante siete días sobre el lugar donde se enterró para así alejar a los malos espíritus. Sin embargo, para muchos de los pueblos andinos, la placenta debe ser enterrada o quemada enseguida tras el parto, ya que podría tener “celos” del recién nacido y ocasionar enfermedades al bebé o a la madre (Davidson 1983). Debido a la estrecha relación madre-feto-placenta durante el embarazo, se creé que ésta tiene poderes sobre la salud de ambos más allá del parto. Los guajiros de Colombia, por ejemplo entierran la placenta en un lugar sombreado para que no cause la fiebre puerperal (Gutiérrez de Pineda 1955). Además creen que los entuertos, dolores producidos por la contracción del útero en los días siguientes al parto, son consecuencia de un mal enterramiento de la placenta”.
La placentofagia
A través de este texto extraído de este mismo libro, podemos conocer cuál es la razón de ser de la práctica de ingerir la placenta, que la sociedad occidental actual considera como mínimo una excentricidad: “Todos los mamíferos placentados, independientemente de que sean carnívoros o herbívoros, ingieren la placenta menos nosotros. Hasta ahora se pensaba que esta práctica era una forma de ocultar las pruebas del parto para evitar atraer a los depredadores. Sin embargo son cada vez más las investigaciones que apuntan a una función extrauterina esencial de la placenta (Cristal 1991; Sánchez 2008, Soyková-Pacherová 1954). Este órgano va a contener gran cantidad de nutrientes, hormonas, vitaminas, minerales y otra serie de factores fundamentales para la recuperación de la madre después del parto. Es rica en vitamina K que disminuye el riesgo de hemorragia tanto en la madre como en la cría. Los bebés humanos van a tener bajas concentraciones de esta vitamina durante los primeros días tras el parto, por lo que van a ser susceptibles a las hemorragias. La leche materna también tiene bajas concentraciones de esta vitamina. La placenta también es una fuente rica en hierro, por lo que su ingesta repondría la cantidad perdida durante el parto.
Existe otra hipótesis (Sánchez 2008), en la que se trabaja actualmente, que apunta a la capacidad de mejorar el estado emocional de la madre después del parto, debido a la reposición de hormonas presentes en la placenta. Esto podría reducir la depresión posparto que puede aparecer hasta en un quince por ciento de las mujeres. En todo caso, debemos ser conscientes, de que esta práctica pudo haber sido común entre nuestras ancestras y que, en algún momento, debido a la aparición de normas culturales o mágico-religiosas, la ingesta de la placenta tras el parto se convirtiera en tabú.
En el siguiente artículo podemos ver un estudio sobre la función extrauterina de la placenta. Según su propio autor Sergio L. Sánchez Suárez, médico y master en nutrición: “la placenta humana no acaba su actividad al finalizar su función intrauterina”.
La placenta se puede descongelar tranquilamente después de 6 meses y puede ser consumida como si fuera fresca.
El nacimiento loto
Respecto a la placentofagia existe mucha controversia. Está claro que la placenta es un órgano vital para el bebé durante el embarazo y que debe tener un gran valor nutritivo, y posiblemente otras muchas propiedades. Sin embargo, no todos los animales se la comen, de hecho los chimpancés- que son los animales más parecidos a nosotros- al parecer no se la comen, si no que practican el nacimiento lotuo, que es más bien lo contrario a la placentofagia. ¿En qué consiste el nacimiento loto?
El nacimiento lotuo o integral consiste en no cortar el cordón umbilical y dejar al bebé unido a su placenta hasta que esta se desprenda sola y ambos se separen de forma fisiológica en el momento en que el proceso individual esté maduro. De esta manera no habrá riesgos de sangrados, infecciones, ni dolor.  Michel Odent escribió el prefacio del único libro que recopila toda la información sobre este tipo de nacimiento y lo defiende como "el nacimiento más eco-lógico".
Las guías de la OMS con respecto al tratamiento fisiológico del cordón rezan en la pag. 31: "Pinzamiento tardío o no pinzamiento, es la forma fisiológica de tratar el cordón, y el pinzamiento temprano es una intervención que requiere justificación”. De modo que las autoridades sanitarias contemplan el nacimiento lotuo como una opción fisiológica de tratar el cordón umbilical.
Si no se interviene innecesariamente sobre los procesos fisiológicos ligados al nacimiento, el orden de los acontecimientos sería el siguiente: el bebé se desprende del vientre materno. Poco después, en un proceso no alterado o manipulado, la mujer da  luz a su placenta, todavía unida al bebé a través del cordón, y por último placenta y bebé se separan de manera natural sin necesidad de cortar en cordón.
Las experiencias de nacimiento loto, demuestran que a pesar de que, en verano y con el calor, el olor se intensifica después del 3er día, dicho olor no es desagradable. La placenta no tiene un mal olor. Cada placenta tiene su olor, como cada bebé: este olor nos fascina...cada madre se emborracha con el olor de su cría al igual que lo hace con el de la placenta. Se comprueba también que la placenta no se descompone mientras está unida al bebé por el cordón y no hay necesidad de cuidarla con sal marina, aceites o especias.
La placenta es parte del bebé, comparte al 100% su material genético, como si fuera su hermano gemelo. La placenta es la otra parte del bebé, la que no se forma como ser humano, pero que queda en conexión con el bebé, se preocupa por su evolución y alimento, y le procura una conexión directa con la madre. Abogamos por no separar a madre y bebé al nacer, y nos preocupamos de que toda la sangre del bebé fluya desde la placenta al recién nacido, según las recomendaciones de la OMS, pero quizá nos estemos despreocupando del dolor (físico y emocional) que puede causar al bebé una separación abrupta y temprana de la placenta. Quizá sería necesario revisar también el manejo de esta última fase del parto, y cuestionarnos si el corte del cordón es necesario y fisiológico o si procedemos ha realizarlo movidos por cuestiones culturales más que por motivos de salud. Recordando, también, que el nacimiento loto tiene sus “inconvenientes” logísticos. Al tiempo el cordón se endurece y el bebé debe de ser movido con cuidado en conjunto con el recipiente donde reposa la placenta.
La placenta también es nuestra
La placenta también es nuestra. Nuestra y sobre todo de nuestro bebé, no es una basura hospitalaria cualquiera, y tenemos derecho a decidir que hacer con ella. Está claro que la concepción y el tratamiento que se le da está muy influido por la cultura. En la mayoría de las culturas la placenta es importante, su función o su existencia no termina con el alumbramiento, sino que va más allá y hay distintas costumbres y ritos relacionados con ella como hemos visto.
En determinadas zonas de África, las mujeres entierran todas las placentas de sus bebés en el mismo lugar, un lugar casi sagrado. Como nos cuenta Ana Castillo, cooperante…: “A la entrada del pueblo hay una pequeña montañita considerada sagrada en donde entierran las placentas de los niños, justo delante de un altar para rituales religiosos y sacrificios de animales para solicitar protección a los espíritus.”
Pero considerar la placenta parte del parto y algo especial, no ocurre sólo en países poco desarrollados. En Austria, por ejemplo, tras el alumbramiento el personal siempre la enseña a la familia, que lejos de considerar su visión algo asqueroso les parece interesante y muy bonito, hasta el punto de que se quejan cuando no se les ha permitido verla. Además no la tiran tal cual a la basura, si no que se pregunta a la mujer si se la quiere llevar a casa, pues allí se entiende que la placenta pertenece a la madre.
Otras costumbres por Europa:
- Llevar la placenta a casa y plantar un árbol encima (1 árbol para cada hijo…)
- Hacer un impreso de la placenta sobre un papel para encuadrarlo después como recuerdo.
- Comerse parte de la placenta (batido o en crudo…especialmente a mujeres veganas les puede apetecer sacar fuerza de la placenta tras años sin comer carne.)
- Hacerse globuli homeopáticos de unos gramos de la placenta
________________________________________________

Nos gustaría puntualizar a posteriori, según un comentario que hemos recibido de una compañera, lo siguiente:
Dado que la legislación con respecto a la consideración de la placenta como resto biológico no no está calra, se dá el caso de algunos hospitales españoles que entregan la placenta a la madre bajo su solicitud, bien por petición oral, bien por escrito (plan de parto) y/o por medio de un consentimiento informado.
En cuanto a las propiedades que retiene la placenta al ser congelada y posteriormente descongelada, tras la congelación la placenta pierde algunas propiedades para su ingesta o empleo terapéutico: las hormonas.
Por tanto no es lo mismo ingerir o elaborar la placenta mientras está fresca y descongelada (los primeros 3 días tras el alumbramiento) o después de haberse descongelado.
En cuanto a la referencia a la denominación corriente de "nacimiento loto", se aclara que se hace referencia al Nacimiento Lotus (Lotus Birth). Se nombra así por Clair Lotus Day, la primera mujer que documenta el nacimiento de su primer hijo siguiendo este ritual, en 1974 en California. Antes solamente se había descrito el nacimiento sin cortar el cordón en los chimpancés. Clair Lotus Day ha sido la primera defensora de este ritual, junto con Janine Parvati Backer (ambas en EEUU), la matrona Shivam Rachana y la Dra. Sarah Buckley (ambas en Australia).